lunes, 21 de noviembre de 2011

La muerte de un editor

Javier Pradera Gortazar se encuentra ya en el Olimpo donde los grandes editores descansan. Nombres como Alfred Knopf, Peter Suhrkamp, Samuel Fischer, Kurt Wolff, Siegfried Unseld, Gallimard, sir Stanley Unwin, o Giulio Einaudi no tienen tanto que envidiar al que en estas lineas me propongo a retratar. Señala J.M Guelbenzu que “lo que los unía a todos, cada uno con sus características, era la convicción de que una editorial ha de ser una contribución necesaria al desarrollo intelectual del país, de una parte, y vehículo de conocimiento universal de otra; es decir: un constante flujo cultural de ida y vuelta”.

De agitada vida intelectual y política pertenecía a esa generación cuyas familias vencedoras de la contienda dijo no a una apacible vida en el régimen y decidió militar en la oposición. Una militancia que le llevo a ser encarcelado en 1956 tras los sucesos ocurridos en la Universidad Complutense. Y no sería la primera vez. Pese a su vocación docente universitaria su vida estuvo dedicada y vinculada a numerosas editoriales: Fondo de Cultura Económica, donde fue su primer director de su delegación en España (1962-1966), Fundador del diario El País (1963), Siglo XXI Ediciones y miembro del Consejo de Dirección de Alianza Editorial. Esta ultima, netamente española, ha sido clave no solo para aquellos estudiantes que deseaban encontrar un libro “técnico” a un precio módico sino que sirvió para dar a conocer muchísimos intelectuales españoles y latinoaméricanos. Fueron muchos los editores y escritores con quien trató allende sus fronteras. Y es que como dice Guelbenzu “nadie, en España, en el último tercio del siglo XX, puede presentar un catálogo de obras y autores tan amplio, riguroso y exigente”. Para ello baso su trabajo en una simple cuestion: en primer lugar no consideró importante abarcar todas las formas de conocimiento dentro del sector editorial, sino que confió en su audacia a la hora de rodearse de personas competentes y delegar en su acción. Quizás es esta la razón por la que su nombre, al contrario que otros editores españoles, es menos conocido sin embargo no menos impritante. Y no solo eso sino que supo captar a la vez en interés de la opinión pública a la hora de vender sus libros. Y es que nadie como Pradera supo ser capaz de defender la cultura y venderla con el convencimiento de que solo una editorial es independiente cuando es económicamente autosuficiente.

1 comentario:

  1. Estas muertes, de editores, son como anuncios del ocaso de las ediciones tal y como las hemos conocido. Poco a poco, el modo de hacer de los editores tradicionales, se está modificando hacia el campo de los e-book, que se asemeja más a gestión de la información, que al placer de editar un libro... Pero los tiempos corren, ya ves, para estos fetichismos. Lo malo es la aceleración de las ediciones: muchas veces los textos deben estar a la vista, a la mano, para tener visibilidad y llegar a ser leídos. Si no tienen un premio literario, muchos se van a quedar en puros Bartlebies, al más puro estilo Vila Matas.
    Un Besote
    Acqua Durmanov

    ResponderEliminar